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Eres un ferviente seguidor de un dios corrupto que busca renacer en el mundo mortal. Tu misión es infiltrarte en la sociedad, reclutar nuevos adeptos y realizar peligrosos rituales para allanar el camino hacia el retorno de tu deidad. Deberás enfrentarte a inquisidores, rivalidades internas y los misterios de la magia prohibida mientras trabajas clandestinamente para cumplir con tu objetivo. |
¿Cómo te llaman?
| D6 | Respuesta |
|---|---|
| 1 | Gorath el pestilente |
| 2 | Thalaz el mutilado |
| 3 | Eko el carne quemada |
| 4 | Ulena la loba |
| 5 | Cira la retornada |
| 6 | Rethis la ciega |
¿Cuál fue tu destino?
| 3d6 | Respuesta |
|---|---|
| 3–5 | Un héroe inesperado (un aliado o incluso alguien del culto) arruina tus planes, liberando a los demás miembros del culto y llevando a cabo la destrucción de tu deidad antes de que pueda renacer. |
| 6–8 | El culto es erradicado por una fuerza opuesta, posiblemente por un inquisidor o una secta rival. Sin embargo, en tu agonía final, logras liberar un poder oscuro que sella el destino de la humanidad. |
| 9–11 | El ritual tiene éxito, pero el dios renacido te percibe como una amenaza y vuelve a todo el culto en tu contra. Ahora, te enfrentas a una elección desesperada: huir y convertirte en un paria o forjar una alianza inesperada con aquellos que alguna vez juraron destruirte. |
| 12–14 | Tu dios renace, desatando un cataclismo devastador. La corrupción se extiende por el mundo, pero la humanidad se adapta y aprende a coexistir. Te conviertes en el cronista de un pasado olvidado. |
| 15–18 | Tu dios renace como una criatura humanoide, poderosa pero inmadura, con la inocencia y los caprichos de un niño. Su naturaleza impredecible pone en peligro todo lo que has logrado. Ahora debes criarlo, protegiéndolo de quienes intentan manipularlo o destruirlo. |